domingo, 22 de febrero de 2015

 Siento que todas las personas le pertenecemos a él, e incluso las puede tomar. ¿Será Dios?, ¿O seré yo insignificante? No lo sé, pero si él lo es y no me presta sus personas, no podré más que privarle de mis pertenencias materiales.
 Él es mayor que yo, lo ha vivido todo, es el más sabio, tiene prioridad sobre mí.
 He notado que lo que no es mío debe ser de él, y nadie más que él, así que él debe pensar que si yo no soy mío debo ser de él, ¿de quién más entonces?.
   A este Dios no le importamos, ni parece ser bueno ni malo, solo que de vez en cuando "supuestamente" corrige sus errores. Él en cierta manera se parece mucho a tí y a mí, solo está ahí, ni te altera, ni te perjudica, es como si ninguno estuviera. Solo que a él le encantan los rezos, alimentan su vanidad, además hay demasiados, ¿qué importa perder uno o dos?.
 Tal vez sea el mismo Dios que me va a definir.
 Desafortunadamente son dos, ambos me controlan pero son opuestos, si desafío a uno el otro cree que estoy con él, cuando en verdad ninguno de los dos me satisface, ni llegarán a ser mis modelos.
 Yo creo que él no piensa que yo pienso, por eso me hace favores.
 NO creo que toque más a sus personas, la tercera es la vencida.
 Prefiero pudrirme que tener alguna relación con él.
 No hay más opción para un esclavo que actuar hostil contra su amo, para buscar la "libertad" encadenado, conviviendo con él toda la vida, sin llegar a estar a su altura.
 El desprecio constante significa que eres fácilmente reemplazable.
 Yo no me considero católico, pero a veces, llego a la conclusión de que algunos Dioses han de morir, para que haya existencia.

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