viernes, 20 de marzo de 2015

Aviso a los ofendidos:

 Han fallecido los acrónimos, seudónimos, sinónimos. Jesús, José, Juan, Ramón, todos fallecieron. Falleció mi querido cerdito, aún tengo su sabor en mi boca. Jesús se ahorcó al tercer día. La pequeña mujer con el bebé en brazos, tristemente, desapareció sin dejar rastro alguno. 

 Miguel murió aplastado, cual cucaracha, por todos aquellos que tenían el derecho de pisar (y quienes no, aún esperamos nuestro turno).
 El ajedrez feneció, ¡larga vida al rey!
 La gula nunca existió. Leda era parte de nuestra imaginación, no llegó a ser un pensamiento, ni realidad.
 Murió el habla, la escritura, la pintura, el arte, el pensamiento (sucumbieron). Daniel fue tan fugaz que no lo vi morir, pero sé que está muerto. Los moribundos te han saludado. Las damas no llegaron al final, pero me siento orgulloso de ellas. Los flacos con hambre, ¡como los extrañaré!
 Andrio se murió, eventualmente.
 Malditos los artistas que no innovan, serán los primeros en perecer. Los que  se creen mejor que la masa se consumirán pronto. Y usted, señor, ha muerto. Los que faltaron también fallecieron, pero sin importancia. Si me sigo sintiendo igual, nunca podrán volver.

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